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¡Que muera el Trofeo!

El trofeo tuvo su tiempo, su momento y su gloria. Lo de ahora ni es trofeo ni es na.

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Manuel Granado Palma - 10 ago 2022 - 20:05 CEST

Manuel Granado Palma

Manuel Granado Palma

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, miembro del Área de Historia del Cádiz CF y autor de la web elfutbolymasalla.com

Se nos llena la boca hablando del trofeo, del trofeo de los trofeos, de ese cuyo nombre no quiero acordarme. Echa p'atrás. Casposo, desfasado y anacrónico. El trofeo tuvo su tiempo, su momento y su gloria. Lo de ahora ni es trofeo ni es . Una vergüenza. ¡¡Que muera el trofeo!!

El ambiente del trofeo fue decayendo hasta lo que es hoy en día: nada

El Trofeo social

En lo social, su celebración suponía un momento grande para la ciudad, la fiesta que ponía broche al verano. Las calles de La Laguna, la playa y el Paseo Marítimo bullían ambiente futbolístico. El trofeo se palpaba y se vivía. Cuando esta trascendencia social fue decayendo por las circunstancias deportivas, rebrotó en los años ochenta con el boom de las barbacoas en la playa, que alcanzaron su auge en los noventa, con hasta 150.000 personas en las playas gaditanas. Era el principio del fin. Desde la prohibición de las barbacoas en 2016, con toda la lógica del mundo por los gastos y suciedad ambiental que generaban, el ambiente del trofeo fue decayendo hasta lo que es hoy en día: nada. El ambiente normal de un partido amistoso del Cádiz. No más. La mayoría de la gaditanía ni se entera.

El trofeo futbolístico

Todo el declive social del trofeo viene determinado, en gran medida, por las circunstancias futbolísticas. En sus tres primeros años, allá por mediados de los cincuenta, se jugó a partido único para gloria del Sevilla FC y la afición nervionense que disfrutaba de nuestras playas. Luego pasó a ser cuadrangular y a disfrutar de algunos de los mejores equipos del panorama futbolístico internacional y de los mejores jugadores. Aquello era muy grande.

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Estos equipos y estos jugadores venían a competir, a jugar a muerte.

Entonces no había prácticamente ninguna difusión televisiva de los partidos y para el aficionado gaditano y de alrededores el trofeo suponía la única oportunidad de ver a estos grandes equipos y a sus estrellas, como Gento, Di Stéfano, Eusebio, Pelé, Iríbar, Cruyff o Zico. Y lo más importante, estos equipos y estos jugadores venían a competir, a jugar a muerte para conquistar tan majestuosa copa. Venían a ganar. Y el que ganaba lo celebraba por todo lo alto, como un título mayor. Fiesta en el campo, vuelta de honor con el trofeo... Hasta eran recibidos por sus aficionados para celebrar tan gloriosa gesta. Eran otros tiempos. Cuando a finales de los setenta ya no tenía tanto interés ver a los grandes equipos y jugadores, porque se podían ver por la tele, el gran atractivo del trofeo pasó a ser el Cádiz. Y eso siempre es una garantía.

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Con el paso del tiempo, en correspondencia con la evolución social, los equipos fueron priorizando la preparación de la temporada, "la pretemporada", por encima de ganar este o aquel trofeo. No se podía correr riesgo en un trofeo de verano, que no dejaba de ser un amistoso. Luego llegaron los compromisos y contratos de verano de los equipos grandes, lo que hacía prácticamente inviable competir económicamente en su contratación. Ya no venían los equipos más grandes y sus estrellas, sino venía el que podía y reservando a sus "estrellas" por si acaso. Y, por supuesto, nada de venir a competir, ni a ganar, sino simplemente a prepararse y probar jugadores, como un amistoso, que, en definitiva, es lo que era. Lo que es. El equipo ganador ya no era que no celebrase la conquista de la copa, sino que hasta pasaban olímpicamente de ella, quedando abandonada en el centro del campo en espera de que el equipo se hiciese la foto de rigor y los empleados la recogiesen. ¡Y las gradas vacías! Pero vacías, vacías, salvo en los partidos del Cádiz, claro.

El grado súmmum de patetismo y esperpento es darle una copa al perdedor.

La decadencia deportiva, junto a la social, alcanzó velocidad frenética y ya no tiene freno. La punta de velocidad p'abajo se alcanza cuando el trofeo, por llamarle algo, pasa a jugarse en formato triangular o a partido único entre el Cádiz y otro equipo. A la postre un partido más de pretemporada, aunque se quiera vestir como el "partido de presentación" de la nueva plantilla ante su afición. ¡¡Échale guidas al pavooo!! ¡¡La "nueva" plantilla!! Una indignidad llamarle a esto "trofeo", aunque muy acorde con su nombre. Pero el grado súmmum de patetismo y esperpento es ¡darle una copa al perdedor! ¿Dónde se ha visto eso? No es una copa al subcampeón de una competición, que para llegar ahí ha tenido que ganar mil batallas, ¡es una copa para un equipo que ha perdido un partido de uno! Es absurdo. ¿Cómo se puede presumir de esa copa en una vitrina? Eso no es grandeza, eso es ridículo.

Y no se trata de una circunstancia única de Cádiz, sino de toda España. Ya no hay trofeos como los de antaño. ¡¡Es que es imposible!! Se han reconvertido en eso, en la presentación del equipo local, aunque por lo menos en otros cambiando de rival. Aquí, ni eso.

El Clavo ardiendo para recobrar, al menos, la dignidad

Pese a todo, el trofeo tuvo su oportunidad para renacer y volver a ser pionero y competir en la excelencia. Alguien tuvo la genial idea en 2019 de confeccionar un trofeo clásico con cuatro equipos femeninos, estando este fútbol en pleno auge de expansión. Esto sí va cuesta arriba y ganando velocidad y potencia. Fue una apuesta arriesgada e inusual. Un clavo ardiendo al que agarrarse. Es normal que te quemes la mano, pero a cambio de ello, puedes salvarte. Y como tal, los primeros pasos son complicados y hasta incomprendidos, pero a poco que se le mantenga la confianza es fácil que vaya arraigando. Hay que apostar, superar obstáculos y afrontar un futuro prometedor. Podría haber sido algo novedoso, creativo y volver haber tenido la trascendencia y repercusión nacional e internacional, pues hubiese sido más factibles las contrataciones de equipos de relevancia.

El trofeo recuperó su dignidad con las jugadoras del Athletic Club celebrando la conquista de la copa.

Y se siguió apostando en el de 2021, aunque ya a partido único. Se dijo que tuvieron poca asistencia de público. Cierto. Pero no menos que los del masculino cuando no juega el Cádiz. Pero era la oportunidad. Daba gusto volver a ver a equipos que venían a ganar el trofeo, a entregarse en una lucha frenética en cada jugada, a no convertirse en un carrusel de cambios. El trofeo recuperó su dignidad con las jugadoras del Athletic Club celebrando la conquista de la copa en el centro del campo y dando una más que reconocida vuelta de honor. Fue lo más parecido al trofeo de antaño en los últimos veinte años.

Ante esta perspectiva solo quedan dos opciones para recuperar la dignidad del trofeo: concederle una nueva vida como trofeo femenino, mejor con cambio de nombre; o, directamente, eutanasiarlo. ¡Que muera el trofeo!

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